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sábado, 5 de noviembre de 2011

Informe de batalla: La batalla en la estación de defensa, 5ªEd.w40k

Siguiendo la estela que dejó del artículo - narración; Victoria o Muerte, os dejamos a quí lo que aconteció la semana pasada en la primera fase de los dos escenarios que dan fondo a esta historia.

Por un lado os comento un poco el escenario en cuestión.
Los ultramarines, se habían parapetado en una estación de defensa planetaria ante un posble ataque por parte de la XIII, y por su parte un pequeño contingente de la compañía de la Legión Negra había sido encargado para tratar de tomar un punto estrategico de vital importancia como era la estación.

Para recrear la situación elaboramos una estación con tableros del doom, y aplicamos una serie de reglas especiales como que los caoticos desplegaban por DR pero el primer turno era para los marines. Había puertas que derribar (las consideramos como vehículos de blindaje 10 y 14) y zonas de control que tomar.
Elaboramos unas pequeñas listas con las siguientes restricciones:
Caos -1CG max 125, 2-4 Lineas, 0- 1AP o Elite, y 0 - 1 AR. 750 puntos.
Marines 1CG max 125, 2-3 Lineas, 0- 1AP o Elite. 625 puntos.

Aquí os dejo el escenario de 3 objetivos.



Aqui os dejo algunas fotos de la partida y os cuento el informe de batalla - narración.
Los marines se alzaron con la victoria y contarán con un apoyo adicional la siguiente partida.


Asalto a la estación de Defensa.
Ildrad esperaba ansioso mientras las cápsulas de desembarco surcaban la atmósfera de Epsilon 13-22 a toda velocidad. Las turbulencias que sufría la cápsula le ocasionaban un cierto desagrado, pero como toda sensación desagradable procuraba convertirla en placentera. El hechicero miró a su escolta personal, una escuadra de marines de Slanesh, su venerado Dios, y sonrió pensando en el dolor que inflingirían a sus enemigos.
-Consígueme la estación de defensa para apoyar a nuestras flotas durante el asalto principal- era la orden que explícitamente le había dado Volkem antes de partir. Para cumplirla le acompañaban veinticuatro marines. La mayoría eran marines del caos de la XIII aunque había escogido a los cultistas de Khorne como grupo de asalto y su guardia personal de marines de Slanesh.
De pronto algo interrumpió sus pensamientos. – Fuego enemigo mi señor- le comunicó el paladín de la escuadra. Las baterías enemigas estaban soltando un vendaval de fuego sobre ellos, por la escotilla acristalada vio como explotaban las cápsulas de los Berserkers y la de una de las escuadras de marines del caos y como sus tripulaciones saltaban en asientos paracaídas.
Un tremendo retumbar se produjo cuando las cápsulas restantes tocaron tierra. -recuento- le gritó al paladín. – dos marines y un berserker han caído en el descenso- le respondió este.
- Bien- Volvió a hablar Ildrad – La escuadra 1 y 2 a la puerta occidental, nosotros apoyados con la 3 a la central, ¡Deprisa!
Las cuatro escuadras avanzaron con rapidez derribando las pesadas puertas de la estación con el fuego de fusión de las escuadras de marines. Los caóticos entraron en la estación, pero en vez de un aluvión de tiros no encontraron nada más que silencio.
- Ya están aquí- Dijo el sargento Angelus de la escuadra de Ultramarines.
- Bien- respondió Ulstem, segundo bibliotecario de la compañía. –Todos a sus puestos-
Las órdenes eran sencillas, mantener la estación de defensa en poder de los Ultramarines, así se lo había indicado el Capitán Edus. No podían prescindir de muchos hombres, pero igualmente Edus había dejado al mando de Ulstem un pequeño destacamento de veinte marines para que custodiasen la Estación ante un posible ataque de la XIII.
- Que las escuadras no actúen aún, todos listos en sus puestos. Atacaremos cuando entren-
Ildrad y su escolta y una de las escuadras de marines avanzaban cautelosos. – Estamos dentro- sonó por sus comunicador –nos dirigimos hacia el cuarto de generadores, derribamos la puerta, figuras, ¡¡¡Exterminadores!!!!- El semblante del hechicero se puso rígido, no contaba con que el enemigo tuviese esas cartas en su mano. - ¡¡¡¡ Sangre para el Dios de la Sangre!!!- sonó otra voz –Apoyamos la carga de los Berserkers- respondió el paladín de la segunda escuadra de marines del caos.
Los tiros y gritos comenzaron a sonar. Las escuadras de Khorne y marines del Caos chocaron contra los cinco exterminadores de asalto que les aguardaban en el cuarto de generadores. Como un torrente desbocado chocaron contra los imponentes Exterminadores. Sus armaduras eran gruesas y sus escudos y martillos de energía poderosos, pero los enemigos eran el doble y la furia de los Berserkers clamaba cráneos. Victoria o muerte, nadie retrocedía solo se mataba o moría.
- Sargento, aguarda aquí- Dijo Ulstem, voy a apoyar a los exterminadores, mantén el centro de mando y la sala de cañones cueste lo que cueste.
El bibliotecario salió corriendo mientras su cuerpo se iluminba dotándole de una velocidad sobrenatural. – ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Muerte al Caos!!!!!!!!! – gritó Ulstem mientras cargaba abriéndose paso entre los marines del caos. El combate se encarnizó, los Berserkers se estaban llevando la peor parte en el brutal encuentro mientras los marines mantenían la posición ante la carga del bibliotecario. Un martillo del trueno rebentó la mitad del tronco del paladín de los Berserkers mientras en un último ataque de furia brutal, este estiró su brazo con el poderoso puño de combate, agarró el casco del exterminador cerró la mano con toda su rabia llevándose consigo al último de los exterminadores. Khorne se había cobrado tributo con la sangre de los exterminadores y de sus berserkers.
Mientras, los marines supervivientes seguían manteniendo una lucha encarnizada con el bibliotecario que blandía su poderosa arma psíquica, segando vidas y atravesando las armaduras como si fuesen de papel.
- Retrocedemos hacia la sala de cañones – gritó Angelus. -Nos atrincheraremos allí junto a los exploradores.-
La escuadra de Ildrad y la segunda de marines avanzaron entrando en la sala de mando mientras los Ultramarines retrocedían. – Cobardes- murmuró.
- Señor- sonó por el comunicador del hechicero. – Hemos abatido al bibliotecario, le destrocé con mi puño de combate. Solo quedamos un legionario y yo. Los berserkers y el resto de mi escuadra han muerto. Tenemos los generadores de energía bajo control- le comunicó el paladín de la segunda escuadra de marines del caos.
- Son nuestros- clamó Ildrad. Lleno de prepotencia y desprecio hacia el enemigo mandó proseguir con el avance - Rápido avanzar, derribemos esta puerta.-
-Señor, moriremos atrapados aquí.- Dijo el cabo Vazques.
-No, lucharemos hasta la muerte aquí- Respondió Angelus.
- Tienen la sala de generadores y el puesto de mando, debemos contraatacar o perderemos toda esperanza de mantener la estación por mucho que resistamos en esta sala- replicó el cabo.
Angelus obsevó la ferviente mirada de su subordinado. –Fuerza y honor- -Exploradores, fuego de cobertura mientras avanzamos, marines conmigo, ¡Por el Emperador!
-¡Por el Emperador!- respondieron los tácticos mientras avanzaban por el pasillo de nuevo hacia la sala de mando.
Mientras se disipaba el humo de la puerta que acababan de volar, Ildrad comenzó a oír vítores al Emperador, - No aprenderéis nunca- murmuro. De pronto balas de bolter repiquetearon en su sevoarmadura arrancando algunos pedazos y siluetas se empezaron a vislumbrar entre el polvo de la explosión. – Aguantar – dijo a sus marines de slanesh.
Una brutal carga se vino encima de Ildrad y su escolta. La imprudencia era la penúltima lección que aprendería, la última, subestimar al enemigo. Respondió al ataque de un marine abriéndole el pecho con su arma psíquica mientras del tumulto un puño de combate se estrelló contra su pecho, sintió el dolor al quebrase su armadura y reventar su pecho, sintió el placer de morir.
Tratando de contener la marea, la segunda escuadra se había unido a las diezmadas filas de marines ruidosos, pero fue en vano. Sus vidas quedaron allí junto a las de sus camaradas.
-Vitoria- Dijo triunfante Angelus mientras remataba al último marine del caos malherido.
-Victoria- Respondió Vazques a su sargento con su cara henchida de orgullo.
- Rápido terminemos de tomar la base, pongamos cuanto antes el sistema de nuevo en funcionamiento para apoyar a las flotas, la batalla aún no ha acabado-
-Nos retiramos- Dijo el paladín de la primera escuadra a su subordinado.
-Hemos fallado Señor- respondió el marine del caos.
- La XIII no fallará, les aplastaremos en el campo de batalla, han ganado una batalla pero no la guerra. Estúpido hechicero, no se puede confiar nada a un pervertido- Dijo el paladín con tono de asaco- Rápido retirémonos, pongamos unas granadas en los generadores, les tendrá un rato ocupados ya no tenemos más que hacer aquí.

domingo, 23 de octubre de 2011

Narración: Victoria o Muerte de Volken (Iñaki Marrón Sánchez)





Orbita de Badab.


De las múltiples virtudes que tenía Volken, una era carisma y don de gentes, una faceta que le hacía atractivo a la mayoría de mortales, y que le dotaba de un liderazgo nato. Y era esa precisamente la que tendría que aprovechar al máximo para su nueva empresa.

El acorazado Espectro surcaba el espacio del Ojo del Terror en dirección a Badab, era una potente nave de guerra y la escoltaban dos destructores además de pequeñas barcazas de aprovisionamiento, un total de ocho naves. La XIII Compañía de la Legión Negra había sido reunida al completo.

Desde el puente de mando de la Espectro, Volken miraba la superficie roja y amarilla del planeta donde se encontraba su objetivo, el tirano de Badab Huron Blackheart. La pequeña flota de la Legión, surcaba la órbita del planeta lentamente seguida muy de cerca por la poderosa armada de los corsarios rojos. Si algo salía mal, Volken sabía que no duraría mucho el enfrentamiento pues no solo eran más del doble de naves enemigas, sino que además contaban con las poderosas defensas planetarias del puerto pirata del tirano. Allí, expectantes y pacientes se quedó la flota de la XIII.

- Mi señor, recibimos un mensaje desde el puerto de los corsarios - dijo tímidamente uno de los encargados de telecomunicaciones a la poderosa figura situada en el puente de mando.
Volkem lo miró y el soldado se quedo pétreo adorando la majestuosidad de su comandante. - qué dice - dijo con una voz grave y a la vez agradable.
- Que puede descender a la superficie -

Huron era una figura majestuosa, grande y fuerte, y con un aspecto terrorífico debido a los implantes que llevaba, todo esto se acentuaba más aun con su mascota Hamadrya y su armadura de combate con su terrible garra y su arma de energía. Pero aun observando en toda su grandeza y tamaño al Tirano, su figura se empequeñecía ante Volkem. Parecía un hombrecillo ante un astartes con servoarmadura, pero Black Heart no parecía mínimamente intimidado por la presencia del Príncipe Demonio.

- A qué has venido - Soltó directamente el Tirano.
Volkem lo miro con una pequeña sonrisa en su faz, en tono afable como sino le hubiese ofendido el tono de Huron.
- Necesito algo que tienes -
Una pequeña mueca de duda apareció en la mueca del tirano - ¿qué?- respondió secamente.
- Tu flota - Respondió el Señor de la XIII, en una clara provocación al líder de los Corsarios Rojos.
Huron recibió la contestación como un golpe en el estómago, se necesitaba una falta de sesos o de desprecio a la integridad de uno mismo para presentarse con un ejercito ante las puertas de su mundo, espetarle que quería lo más valioso para el que eran sus naves y quedarse tan tranquilo, como si la furia de Corazón Negro no fuese a estallar. Pero no era un vulgar contrabandista o el líder de un grupo pirata o uno de tantos capitanes renegados con grandes ínsulas, era el propio Señor de la XIII compañía de la Legión Negra del todopoderoso Abadon el Saqueador el que le estaba pidiendo, por decirlo de algún modo, aquello que era el poder y sustento del Tirano, sus naves.

Volkem observó la cara de Balckheart riéndose por dentro, pero no estaba allí para comenzar una guerra abierta contra el Tirano, sino para ganar un poderoso aliado, tras unos pocos segundos de tensión y antes de que la cosa fuese a peores, pues ya notaba la tensión muscular de Huron y los leves sonidos de bólters al empuñarse dispuestos en un momento a apuntar y disparar, decidió paliar la situación.

- Por supuesto no es una exigencia, sino una petición para la cobertura de nuestros intereses - Dijo tranquilamente el Señor de la XIII

- ¿qué intereses? – contesto altanero Huron

La paciencia ante la política o la venganza, era otra de las virtudes de Volkem pero el Tirano la había agotado, aunque la situación requería contención. Necesitaba esas naves, una confrontación llevaría a la destrucción de la flota de la XIII y una guerra que ahora no le interesaba, pero también tenía sus ases en la manga. Un farol era lo acertado.

- Mi querido Huron- Comenzó hablando Volkem haciendo que sus palabras fuesen un elixir en los oídos del Tirano. – Tienes la flota más poderosa del Torberllino y además eres el mejor almirante – Aunque apenas imperceptible, el ego de Uron se manifestó en una pequeñísima mueca que Volkem captó al momento – podrías destruir a mi pequeña armada tras una breve contienda pero has de saber… - Aquí el tono de Volkem cambió radicalmente, volviéndose más agresivo y duro - … que antes de que des la orden siquiera de atacar, todo el arsenal de mi acorazado caerá sobre tu montaña, y tus emplazamientos de vehículos y arsenales que cuidadosamente descubrieron durante meses mis infiltradores, después, trescientos legionarios, bajarán a este puto mundo y lo arrasaran hasta sus cimientos y yo personalmente te arrancaré tu pétreo corazón y me lo comeré antes de que pierdas la vida, pero por si todavía algo fallase y finalmente tu mundo no cayese tras todo esto, el resto de la Legión Negra estará detrás de mi, y el todopoderoso Abadon en persona consumirá tu insignificante mundo con los fuegos de la guerra. Eso a menos que me hables con respeto, y entiendas que te tiendo la mano como poderoso aliado y no te impongo nada todavía como terrible enemigo.


Huron digirió durante unos segundos la breve y real amenaza que le acababan de soltar a la cara y barajó las posibilidades que no eran muy halagüeñas. Una pequeña sonrisa si se le podía llamar así, se dibujó en su duro rostro mientras observaba al poderoso Señor de la XIII.

- Muy bien, qué es lo que propones- Concluyó Huron.

Volkem cambió de nuevo su rostro infernal a una cara más amable y amistosa sonriendo.

- Necesitamos que nos ayudes con tu poderosa flota y con algunos guerreros, partimos hacia Epsilon 13-22 y sabemos que los Ultramarines están fuertemente pertrechados y un poco de ayuda no nos vendría mal. – Todo el botín del saqueo te lo puedes quedar, solo nos interesa el planeta en sí, además de contar con mi gratitud - Concluyó Volkem mirando fijamente a BlackHeart a los ojos.


Huron asimiló durante casi un eterno minuto todas las posibilidades. Negarse sería un enfrentamiento a las puertas de su casa. Aceptar y luego traicionarles sería una terrible ofensa de cara a la Legión Negra y su poderoso Señor Abadon. Aceptar implicaría un golpe con amplias posibilidades de victoria y de botín puesto que sumando sus fuerzas a la XIII compañía contarían con amplias posibilidades de acabar con el enemigo fácilmente y recoger los frutos de la matanza.


- ¿Cuándo partimos? – Preguntó Uron como sino se inmutase.

- Ya – Dijo Volkem con su potente voz del inframundo mientras se daba la vuelta hacia sus escoltas con grandes carcajadas, que resonaban en todo el salón del tirano.


Un escolta se acercó a Volkem mientras abandonaban el gran salón del Tirano. – lo saben los bastardos de Guiliam- le dijo en voz baja al todopoderoso comandante.

- Pues golpearemos lo antes posible- Respondió despectivamente el Señor de la XIII.



Epsilon 13 – 22


- ¿Han podido capturar alguno de los enemigos?- Preguntó el bibliotecario.

- Los que no murieron, se han suicidado – Respondió el sargento de exploradores.


Varro Tigurius asintió con gravedad. Nada, eso sabían. Un pequeño grupo de infiltrados llevaba meses en el planeta junto a los Ultramarines, espiándoles. Un escuadrón de exploradores los había descubierto y posteriormente les dieron caza para capturarles y exprimirles la información que tenían. Pero los duros marines del caos, no lo habían puesto fácil. Combatieron contra la escuadra de exploradores y los refuerzos de motoristas Ultramarines, y antes de caer el último en manos de los hijos de Guiliam, activo una cápsula concentrada de venenos que lo mató a los pocos segundos, mientras gritaba - ¡Gloria al Caos!-


Tigurius se quedo mirando el cadáver del marine. – Elegidos de la Legión Negra – Murmuro. Observó los glifos de su hombrera y pudo ver el XIII como distintivo de su compañía. La cara del bibliotecario tornó tensa y sombría. Ya había luchado contra la compañía hacía casi doscientos años, pero aún recordaba la brutal batalla que casi le costó la vida, y máxime aún recordaba a su terrible comandante, la bestia infernal al que llamaban Volkem.

El bibliotecario se agacho y toco la negra armadura del marine, mientras cerraba los ojos y un halo de luz comenzó a irradiar de su cuerpo. Percepciones de la historia de aquel guerrero abatido empezaron a llegar, escrutó en el pasado viendo visiones, vio al guerrero viajar en una pequeña nave comercial junto a sus camaradas, lo vio descendiendo a la superficie del planeta, viendo lo que excavaban los Ultramarines, viendo lo que defendían en ese planeta, rebuscó más en su pasado unas ordenes unas directrices, lo vio, el señor de la XIII, quería Epsilon o más bien lo que había en Epsilon, de repente le miró, sintió como la mirada de Volkem le traspasaba con su furia perforándole el corazón, - Moriréis- le dijo. Tigurius salió del trance sobrecogido y respirando sofocosamente. – Llama al capitán – Le ordenó al sargento de exploradores.


- Resistiremos – dijo el capitán Edus seguro de si mismo.

- Capitán – Dijo el bibliotecario como queriendo hacerle entrar en razón – No es cuestión de nuestra determinación en resistir, sino de contra quienes nos enfrentamos. Lo saben, saben que hemos descubierto el antiguo portal de araña, saben que lo defendemos, cuántos somos y que armas disponemos para hacerlo. Llevan aquí desde antes que llegásemos, predijeron que vendríamos a descubrirlo por ellos y nos estaban esperando. Nos han visto trabajar excavando y desenterrando el artefacto xenos, estudiarlo, y posiblemente sabrán usarlo llegado el momento. La ventaja de moverse de punto a punto del espacio, podría permitirles asestar golpes quirúrgicos en el imperio e incluso en la misma Terra. Tenemos que asegurarnos de aguantar y vencer, no solo de resistir como héroes y no podemos hacerlo solos capitán.

Edus asintió con gravedad. La Inquisición sabía que algo importante había en ese planeta, y por eso le había encargado al Señor del Capítulo Maegnus Calgar que fuesen los Ultramarines a Epsilon. Maegnus había puesto en su mano tres compañías del capítulo bajo su mando, una terrible responsabilidad. 300 marines de elite para que custodiase y permitiese que el capítulo cumpliese el encargo de la Inquisición. Todo bajo la supervisión del gran Tigurius, y por eso se había confiado.


- Trataremos de conseguir refuerzos bibliotecario – afirmó el capitán.

- Ultramar está muy lejos amigo, y no tenemos opciones de que el puesto de mando de la Guardia más cercano nos ayude, menos aún sin levantar sospechas de lo que ahí aquí- respondió Varro Tigurius con tono serio.

Edus se quedó pensando durante unos momentos. Dubitativo. Tenía que haber algo que pudiesen hacer. – El Segmentus Solar estaba relativamente cerca, y estaba bajo al influencia de los hijos de Dorn. Sabía que era una posibilidad que estos recibiesen un mensaje de auxilio y acudiesen en su ayuda. No había tiempo que perder. Resistirían hasta que los puños llegasen, o lo harían hasta el final sin su ayuda.

- Sargento, ordena a la base que manden el siguiente mensaje; los hijos de Guiliam aguardan la tormenta, ¿quién está dispuesto a aguardarla con ellos? – Dijo Edus con tono solemne.

El sargento se cuadró, salió corriendo y montó en el Land Speeder a toda velocidad hacia el centro de mando.


- Tendremos un par de días con suerte, hemos calculado – Dijo Edus.

- Suficiente - añadió Lysander - Prepararemos las defensas contra el enemigo. Resistiremos hasta la muerte o la victoria. Que las flotas se refugien en el satélite de Epsilon a la espera de la llegada de los enemigos. Lucharemos en tierra y en el espacio.

Edus dibujó una sonrisa en su duro rostro. – Es una suerte tener a nuestros hermanos los puños imperiales de nuestro lado –

- La suerte es combatir junto a los Ultrmarines, y que estuviésemos a tan solo una semana por el inmaterium cerca de Epsilon. El Emperador protege hermano y su divina providencia nos situó en el lugar y momento adecuados para recibir el mensaje.

- Por el Emperador – Dijo Edus.

- ¡Por el Emperador! – Respondió Lysander, a gritos hacia la explanada donde se encontraban los atareados marines.

- ¡Por el Emperador! – Respondieron 600 marines a voz en grito.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Narración: La Verdad del Caos por Molken (Iñaki Marrón Sánchez)



La furia de su Dios cayó sobre nosotros devastando todo a su paso.

Los destructores y acorazados de la armada VII imperial del Segmentus Obscurus soltaron toda su potencia de fuego sobre Vulmador, ciudad baluarte de la XIII compañía de la Legión Negra.
Las enormes baterías de cañones abrieron fuego hasta que colapsaron el campo de energía que protegía la ciudad y después se dedicaron a destruir las defensas antiaéreas de Vulmador. Los mega cañones de plasma y las bombas ciclónicas se unieron a la devastación, destruyendo todo a su paso. Las fábricas de armamento, y los enormes almacenes de provisiones ardían en deflagraciones infernales, mientras los inmensos barracones de esclavos eran convertidos en escombros, dejando un olor a carne quemada en el aire. Solo el imponente cuartel de la ciudad, el poderoso Bastión Negro, resistía y trataba de responder con todo el poder de sus defensas. Durante una semana llovió fuego e ira desde el cielo y la muerte se adueñó de la Ciudad Oscura.
Vagaba por las calles sobreviviendo como pude, bebiendo agua contaminada y comiendo restos de cadáveres medio chamuscados que encontraba por doquier. En ese tiempo, no dejé de rezar, no por mi salvación, sino porque nuestros ciegos enemigos fuesen abatidos por la Verdad del Caos.
Pasada la primera semana cesaron los bombardeos orbitales, dejando una extraña calma en el ambiente. Era solo la calma que precede a la tempestad, el asalto estaba próximo y solo nos quedaba una opción ante la purga que tenían nuestros enemigos para nosotros, vencer o morir, así era la Verdad, dura como la piedra y fría como el hielo.
Encontré una compañía de soldados en un puesto antiaéreo destruido a unos 15Km del Bastión, y me uní a ellos en la búsqueda de una muerte segura. Apenas había 50 hombres, que poca resistencia podrían prestar, pero arengué sus corazones con la Verdad del Caos, la vida es lucha y termina en muerte, pero solo los valientes marcan su destino y rompen sus cadenas.
En el amanecer del noveno día, cayeron sobre nosotros las cápsulas de la III compañía de los Puños Imperiales y desembarcó el quinto regimiento de Cadia. Les vimos caer desde el cielo como falsos ángeles vengadores. Prónto el repiqueteó de las armas, resonó. El rugido de los bolters se mezcló con los gritos de los combates, que nos llegaban de lugares próximos.
De pronto una cápsula cayó cerca de nuestro puesto, parte de los hombres se quedaron asustados y uno de ellos trató de huir. Lo ejecuté en el acto.
Las escotillas de la cápsula se abrieron y una lluvia mortal salió de las armas de nuestros enemigos, la munición de los bolter reventó desmembró y mató a casi la mitad de la compañía. Nos pusimos a cubierto y respondimos al fuego con fuego, nuestros rifles láser dispararon y dos de los bolter pesados que teníamos se unieron a la refriega tronando enfurecidos, pero no era suficiente. La escuadra de Puños avanzaba implacable, derribamos algunos pero no fue suficiente. Saltaron nuestros parapetos y comenzó la canecería, sus cuchillos y espadas sierras descuartizaban literalmente a los soldados, yo me abalancé sobre uno de los marines que se encaró velozmente y me disparó a bocajarro, dándome en el hombro izquierdo y casi arrancando mi brazo. Caí al suelo mientras contemplaba como masacraban a mi compañía.
Un fulgor estalló en el cielo y se vislumbraron luces en el. Los Puños pararon un momento, unos segundos, alguien había llegado. Tiempo suficiente, agarré una granada con mi brazo derecho y le quité el seguro y me abalance sobre quien me había disparado, pero de nuevo fue más rápido y me repelió con una tremenda patada en mi tórax que me reventó haciendo crujir mis costillas, pero pude arrojarle la granada a la cara mientras salía disparado hacia atrás y su cabeza desapareció tras la deflagración.
-Ha matado al hermano Lemanus- gritó uno de ellos.
El sargento se acercó a mí para terminar con mi vida.
-Sucio perro traidor- me espetó.
Le escupí como última muestra de altanería a sus botas amarillas.
Una sombra cayó desde el cielo, y por primera vez en mi vida, contemple como la Verdad puede convertir a un hombre en un dios. Una figura inmensa cayó entre los siete marines. Su tamaño era impresionante, mucho mayor que el de un marine, portaba un escudo enorme y en su mano derecha una espada incandescente brillaba con intensidad, su rostro divino se ocultaba tras un yelmo con una gran cresta de cobre. Sus ojos brillaban como el magma, portaba los emblemas del ojo y el número XIII. Era Volkem, señor de la XIII compañía de la Legión Negra, fiel lugarteniente de Abadon el Saqueador.
Los marines abrieron fuego, pero su dura piel y su alo de energía le protegieron, avanzó a una velocidad terrible, decapitando, desmembrando partiendo a los marines por la mitad como un campesino cuando siega. El sargento se abalanzó sobre el, metiéndose debajo de la guardia de su escudo y golpeó con su puño de combate su costado, Volkem dio un pequeño respingo retrocediendo un par de metros, para volver a cargar cortando el brazo del sargento y dando un tremendo impacto con el escudo que mandó al marine varios metros atrás. La ceramita crujió y el sargento escupió sangre.
Pude oír al sargento antes de ser decapitado. Sus labios mostraron la Mentira que habitaba en su corazón y en el de sus camaradas. –El Emperador protege- salió de su boca antes de morir y descubrir la Verdad del Caos, -No- dijo Volkem.
Extracto de las obras de Molkem,
predicador y profeta de la Verdad
de la Ciudad Oscura.